1 de octubre de 2009

Vida en abundancia o rápida ausencia


Cuando nací ya estaba ahí la montaña, ya estaba la tortuga, y la piedra plana, el río corría sin pena y las nubes iban y venían haciendo cada vez mejores formas, no llegué a este mundo a destrozarlo sino a comprender que lo único que puede marcar mi estancia en él es no cambiar casi nada, más que mi manera de actuar, porque la montaña feliz me recibió en sus brazos y el río me dió de comer y beber, las piedras me contaron historias de su larga y estromatolítica vida, y la tortuga, sigue ahí esperando a ver mi hora de muerte para poner una línea más en su caparazón.
Sólo estamos de paso, nada queda, hasta el polvo vuela y se separa convirtiéndose en tiempo, nada queda, ni la lágrima de amor, ni el beso de ternura, solo el mundo y sus caminos contarán cosas sobre mí, solo el mar y sus corales recordarán lo que alguna vez fuí.

1 comentario:

  1. Muy bonito texto, me hubiera gustado ver jnto al retrato (¿autoretrato?), ala tortuga esperando...

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