12 de marzo de 2009

Nota roja

todos los días muere alguien, unos matan, otros se matan y a otros los matan, paso por la parada de autobús viendo a diario fotos desfiguradas de descarnadas escenas parecidas a las de F. Bacon, pero con extremo realismo que dejan la estética para pasar a lo grotesco y despiadado, se me pone la piel chinita, me quedo en silencio hasta mental; y de repente, cuando regreso del viaje decido olvidarlo, pero al día siguiente es igual, y asi sin fin continua la exposición urbana de cosas que pasan al parecer lejos de nosotros, pero que están siempre tan cerca.
La muerte nos camina pegadita, besando nuestros hombros, siempre empeñada en enviarnos mensajes de apreciación espiritual que sólo interpretamos como fuertes y asquerosas fotos de muertos y muertas con mala suerte.
Me llama la atención el montón de personas que estarán sufriendo en ese momento por una foto que se muestra y se vende al mejor postor en el 5 de mayo, en el parque central y demás puntos estratégicos, ¿cuantos mueren en un día?, y en que situaciones, ¿cuantos nacen posteriormente a esto?, ¿es relativo?, o simplemente... ¿caotica e irreverentemente la vida se está desfigurando?, ¿hay una razón? ó ¿nos está cargando la tostada?.
Y continuo mi trayecto hasta llegar al trabajo, ahi nadie sabe lo que ha pasado, el silencio y los temas son otros, no hay luto por los muertos de la parada de autobus, desconocen la realidad mis compañeros, la desconoce el escritor de graciosa figura, la solemne señorita educada, el macho cabrío y la secretaria eficiente; la desconoces tu.
Se me revuelve el estómago, pero tengo que trabajar, dejo de pensar en ello y comienzo a ver la pila de oficios resagados, suspiro y ya para las 12 del día el periódico ha volado como hoja de otoño, dejando sólo la incertidumbre sombría que al día siguiente amenazará mi calma nuevamente.

Licha

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