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22 de marzo de 2010

El mundo colapsa, actua, estoy segura que aún es tiempo...


Existe un gran paralelismo entre la situación actual y lo sucedido en la Segunda Guerra: sobreproducción, empobrecimiento de la población en general y de los países del Tercer Mundo en particular, deriva financiera, endeudamiento excesivo, déficit de la balanza norteamericana, aumento de la represión y de las tensiones...
El imperialismo, por las contradicciones que desarrolla, acelera la descomposición del sistema, provocando crisis que degradan las condiciones económicas, sociales, políticas e ideológicas, y engendran necesariamente guerra. En 1929, buscó la salida en el fascismo y la Segunda Guerra Mundial.
Los pueblos buscaron la suya en la revolución.

Sólo que esta vez se trata de una crisis más destructiva, porque las contradicciones del sistema son más profundas, la miseria es mayor, el desinterés y la desconfianza imperan en todo el planeta, aunado a la muerte progresiva de la vida en general y a la actitud neutra negativa de los que observamos como cae al vacío la Tierra.
No hay suficientes revolucionarios dispuestos a gritar en batalla, sino un montón de ciervos callados y dominados por el dinero, el poder adquisitivo, la comodidad económica, el "yo", sin importar el "tú" y el "ustedes".
Se ha minimizado la calidad humana, todo es materia, todo se desecha, y tras varias lagrimas secas me pregunto: ¿Donde vamos a terminar?
Ahora bien las posibilidades de resolver lo que ya está perdido son nulas, pues no hay intención alguna en la mayor parte del planeta, pero aún conservamos una parte importante que no debemos dejar morir, esto es simple o actuas o mueres de irremediable indiferencia.
Cierra los ojos sensibilízate mientras unos mueren de hambre otros tiran la comida, compran toneladas de armamento para pelear contra ellos mismos y se dedican a enriquecer sus bolsillos, mientras que árboles caen tristes y derrotados en algun rincón olvidados y miles de aves emigran concientes de lo que se avecina tras una tan lamentable pérdida, otros talan y queman bosques sin siquiera parpadear.
El mundo colapsa, la tierra muere, nuestro tiempo se agota, y la crisis se avecina pronta y desastroza, terrible al grado de pasar desapercibida en vasitos de unicel y bolsas de polietileno.
Empecemos por conocernos, por conservar nuestros espacios libres de esa indiferencia, reciclemos, exijamos que nuestros derechos como individuos sean respetados, cambiemos de actitud, comprendiendo que con nuestra actitud positiva, mucha gente tendrá que contagiarse, vayamos al campo abracemos la naturaleza, internémonos en ella, para entender su importancia, nuestros hijos deben aprender a separar, a reutilizar la materia, la vida se torna imposible, hagamos que los niños crezcan con la idea firme de conservar vivo el planeta.
El mundo está al borde del colapso, si en este momento actuamos, muchas cosas se pueden rescatar y quizá algunas prevenir, intentémoslo.

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